8/6/2014

The Supernatural Instruments (Sobrenatural y Cazadores de Sombras)

The Supernatural Instruments

Clary no se podía creer lo mucho que había cambiado su vida en los últimos cinco años.
Había descubierto que estaba destinada a ser el recipiente de un arcángel, al igual que el cazador que la había introducido en aquel mundo de locos –Jace Herondale-; su mejor amigo se había convertido en un vampiro y su hermano, Jonathan Morgenstern, en un ser sin alma que colaboraba con Lilith, un poderoso demonio dispuesto a todo por conseguir liberar a Lucifer de su prisión y comenzar así el Apocalipsis…
Suspiró y se encogió de hombros. Era una locura, cierto, pero era su vida y, si así conseguía encajar y salvar gente, valía la pena.
Tras aquella breve reflexión, volvió a aquello en lo que llevaba trabajando la mañana entera: posibles personas que podrían haberse convertido en el espíritu vengativo del piso de la casa de Eric, un antiguo compañero de instituto -¡se hacía tan raro pensar en algo tan normal como asistir a clases de matemáticas!- que confiaba demasiado en sus prácticamente nulas cualidades musicales.
Era extraño tener un caso en el propio Nueva York, y más aún de conocidos. Cuando entras en el mundo de los Cazadores y los Hombres de Letras –a los cuales la pelirroja se había unido sin dudarlo ni un instante, a pesar de que ocasionalmente también cazaba- sueles tener que romper con todos tus lazos pasados.

Después de poco más de una hora más de investigación encontró, al fin, al candidato perfecto para ser el espíritu de Eric. Cogió su móvil a toda prisa y marcó el número de Jace.
-Jace Heroldare, mejor cazador  de lo sobrenatural a este lado del Atlántico, aquel con el que los demonios han llegado a intentar sellar pactos solo para poder probar el dulce sabor de sus labios al habla.-La chica no pudo reprimir una leve sonrisa divertida ante la habitual modestia del rubio.
-Jace, ya sé quién podría ser el espíritu de Eric.
-¿Espíritu? Creía que sería alguna deidad de la música ofendida por sus burdos intentos de producirla. ¡Una verdadera pena! Me apetecía conseguir una de esas armas extrañas para matarlos…nos conformaremos con quemar sus restos. Y bien, dulce pelirroja, ¿quién es el no tan difunto?
-John Smith…
-Tiene que ser coña.
-Nope, John David Smith, artista incomprendido, se suicidó allí hace unos 100 años y por lo visto Eric ha decidido volver a colgar su cuadro predilecto en la casa.
-Tan listo como siempre- Te llamo después de haber hecho barbacoa de pintura homicida.

Jace colgó el teléfono tras los habituales “te quiero” “yo más” y se giró hacia los Lightwood, que le miraban expectantes.
-¿Y bien?-Preguntó Isabelle mientras jugueteaba con su brazalete, que podría parecer inofensivo, pero que al estar hecho de plata y llevar incrustaciones de sal y hierro resultaba realmente molesto para diversas criaturas no humanas.
-El espíritu está ligado a un cuadro. Por lo visto, Eric no es tan solo desastroso componiendo más también eligiendo la decoración de su piso.-Alec asintió, parecía estar en otro lugar.-Tierra llamando a Alexander Lightwood, ¿estás bien?
-Em…sí. Es que hoy hace cinco años del día en que conocí…conocimos a Magnus.-Magnus Bane era el novio del chico de pelo oscuro y ojos azules. Nacido de una mujer a la que había dejado embarazada un demonio –que, por lo visto, era extremadamente poderoso-, tenía unos poderes increíbles, suficientes incluso para mantener oculta del mismísimo arcángel Miguel a Clary durante años (por un módico precio, por supuesto).
Se habían conocido al empezar Clary a recordar detalles sobre su pasado a los dieciséis años, creyendo que trabajaba para Lucifer porque, aunque ningún cazador u hombre de letras había encontrado jamás una buena razón para desconfiar con él, tampoco terminaban de fiarse. Al final, había resultado ser de ayuda y tener una…conexión especial con el joven que ahora recordaba el día como uno de los mejores días de su vida a pesar de lo caótico que resultó en su momento.
-No fue exactamente un día muy romántico…-Comentó Isabelle con un encogimiento de hombros. Por la cara de su hermano, parecía que no estaba muy de acuerdo pero, como acaban de entrar el piso encantado, no dijo nada.
-Allá vamos.

Una vez dentro, encontrar el cuadro fue muy sencillo.
Jace silbó.
-No me extraña que no tuviera éxito en su vida profesional… ¿se supone que eso es un cuadro?-El objeto representaba lo que parecía ser un árbol de Navidad pintado por un niño solo que, en lugar de con la decoración clásica estaba adornado monigotes que –suponían- representaban voluptuosas mujeres desnudas cubiertas de sangre.
-El Horror de la Nieve, es arte abstracto y odio que insulten a mi arte estúpidos ignorantes.-Los tres amigos dieron un respingo.
El espíritu, un hombre flacucho de aspecto enfermizo y poco más de treinta años al que se le distinguía a la perfección la marca de la soga alrededor del cuello, les miró con la habitual demencia de estos seres.
-¿Arte? Yo más diría perturbación men…-La ira del muerto tiró a Jace hacia atrás y, mientras éste estaba demasiado ocupado ensañándose con él, la única mujer del grupo prendió fuego al vínculo que lo unía al mundo de los vivos.
Le vieron desaparecer ante sus ojos. El “herido” bufó de forma idéntica al gato de la pareja de su hermano, El Presidente Miau.
-Te podrías hacer dado un poco de prisa Izzy. Ya me veía haciendo compañía por toda la eternidad al artista incomprendido.-La aludida se encogió de hombros con algo de teatralidad.
-Llama a Clary para avisarla de que todo ha salido bien y vámonos, que he quedado con Simon y tengo que cambiarme.-Jace aceptó el móvil que la novia del vampiro le tendía y marcó el número de la pelirroja.

Clary cogió el teléfono tan rápido como pudo.
-Simon, ya te he dicho que creo que no deberías llevar a Isabelle a la tienda de cómic al menos hasta la décima cita…-Tras años de indecisión por parte ambos, su mejor amigo y la cazadora de oscura melena por fin estaban saliendo de modo oficial y Simon, que nunca antes había tenido una relación así, no paraba de llamarla lleno de dudas.
-No soy ese maldito vampiro novato, hermanita.-Su sangre se heló al reconocer la voz que antaño perteneció a alguien a quién apreciaba.
-Jonathan.
-Ya no. Jonathan era un niño de ojos verdes que murió el día de su décimo cumpleaños por el pacto que un padre demasiado ambicioso hizo con un demonio. Ahora soy Sebastian, no lo olvides.
>>Porque voy de camino y nada me va a detener.-La comunicación se cortó y, apenas unos segundos después, el teléfono volvió a sonar.
-¿Clary, qué pasa? ¿Por qué no contestabas?-La voz de Jace la reconfortó momentáneamente.-Jace, es Jonathan, ha vuelto.
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Justo mientras la cadena la cadena anunciaba que volvería en cinco minutos, Dean le apagó la tele a su hermano pequeño.
-De veras, ¿cómo pude elegir como parabatai a alguien que se traga esta mierda? ¡¿Mundanos cazando demonios, en serio?!-El  menor puso los ojos en blanco.
-Por algo se llama ficción, ¿Han llegado ya los Novaks?-Los Novaks, un grupo numeroso de hermanos a los que su padre les había administrado sangre de ángel antes incluso de nacer, se habían vuelto bastante próximos a los hermanos Winchester, que vivían junto a Bobby Singer –como un padre para los dos nefilim- en el Instituto de Kansas. Además, justo venían a establecerse temporalmente con ellos los dos hermanos que más próximos a ellos se habían vuelto; Gabriel y Castiel.
-No, por suerte, aún tenemos unas horas antes de que el jodido genio de las runas venga a hacerme morir otra vez…
-¡Era un glamour! Y una broma. De mal gusto, pero una bromo. Si yo, que fui el que tuvo que verte morir tantas veces, le he perdonado creo que tú deberías…además, vendrá también Cas, y a él sí que quieres verle, ¿me equivoco?-Su hermano asintió tras un segundo de ensimismamiento, cosa que hizo a Sam suspirar. Lo del chico de ojos azules y su interlocutor era tan obvio…y, sin embargo, ellos parecían incapaces de verlo.

Alguien llamó a la puerta y se oyó el maullido que Impala, la gata negra a la que Dean trataba como si se tratara del mismísimo Raziel, emitía cada vez que cualquiera de los jóvenes con sangre no humana en sus venas aparecían.
El moreno miró por la ventana; los dos hermanos habían venido junto a Benny, el vampiro que se había vuelto diurno tras alimentarse con la sangre de Castiel y que era una de las personas más cercanas que tenían, especialmente de Dean, al que trataba como si fuera su propio hermano.
-Son ellos, y también Benny.

-Bueno, vamos a recibirlos, ¿no?

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Bueno, y he aquí la locura que me lleva rondando la cabeza casi seis meses, ¡por fin por escrito!
Siento si es demasiado increíble, Ooc o pillado por los pelos...tan solo me he imaginado como sería si estos dos universos tan distintos pero que a veces comparten ocupación (cazar demonios y hacer sufrir a los fans) y necesitaba plasmarlo en papel.
Sea como sea, podéis comentármelo y espero sinceramente que os haya gustado,
Marla

PD: Nada me pertenece, la foto es de DeviantArt, y todo lo que podáis recnocer pertenece respectivamente a la CW y a Cassandra Clare

PD2: La verdad, no sé si se puede tener a un hermano de parabatai...pero buenooooo

PD3: También en AO3: http://archiveofourown.org/works/1757517

25/5/2014

Fixed By Mail (Hannibal)

Fixed By Mail

Will enterró la cara en las manos, incapaz de pensar con claridad, intentando dilucidar de lado de quién estaba.
Suspiró.
Por supuesto que quería ver sufrir a Hannibal, atraparlo…había matado a Abigail y aquello era algo que jamás podría perdonarle…pero cada vez que pensaba en que el caníbal desapareciera de su vida de verdad, de que nunca volviera a aparecer…un escalofrío nada agradable le recorría la espalda y sentía un vacío horrible en su pecho.
Suspiró de nuevo.
¿Cómo se podía odiar y amar tanto a alguien a la vez?

Al cabo de un rato, se levantó y agarró su móvil; había tomado una decisión. No podía marcharse con el psiquiatra, pues acabaría siendo autodestructivo, pero tampoco iba a dejar que le atraparan. A pesar de todo, no podía.
Marcó el número del Doctor Lecter.
-¿Will qué pasa?
-Yo…Jack ya lo sabe…apenas he podido evitar que me detuviera…pero va a ir a por ti, está en camino en camino…va a ir con muchos refuerzos, te será imposible acabar con él, te lo juro. Lo sabe todo, conoce todo nuestro plan.
-¿Cómo ha sucedido?-Tragó saliva, pensando en que si pronunciaba las palabras que en aquel momento fluían por su mente ya no había vuelta atrás, no podría rectificar.
-Puso un micro en mi móvil sin que me diera cuenta. Suena estúpido, lo sé, pero tienes que confiar en mí. Vete, cogeré el vuelo que salga justo después que el tuyo a algún país que haga frontera, te lo prometo.-Silencio, el otro hombre parecía estar asimilando la información, decidiendo si creerle o no.
Contuvo la respiración.
-Supongo que esto ahora es una línea segura.
-Supones bien.
-Cogeré un vuelto a Francia, a París y saldré de aquí a las doce de la noche.
-Está bien, cogeré el siguiente que haya a Bélgica. Una vez allí ya conseguiremos ponernos en contacto. ¿Hasta entonces?
-Hasta entonces.
-Y…lo siento, Hannibal, de veras que lo siento.
-No hace falta que lo sientas Will, no hay nada que pudieras hacer. Voy a coger unas cosas y saldré, hasta pronto. Tengo una sorpresa preparada para ti.
-Me muero por verla, hasta pronto.-Colgó sintiendo un increíble desasosiego interior.

Hannibal corrió al piso superior y entró en una habitación que siempre permanecía cerrada cuando había alguien más en la casa. La chica que allí esperaba pacientemente sentada dio un respingo al oír el sonido de la puerta al abrirse.
-Abigail, nos tenemos que ir.
-Pero… ¿y Will?
-Nos reuniremos con él en Europa. Vamos, hay poco tiempo.-La chica no pudo ocultar su decepción, los últimos meses habían sido un verdadero inferno para ella, viviendo atrapada en la oscuridad, resignada después de darse cuenta de que no serviría de nada intentar huir. Lo único que le había dado fuerzas había sido la idea de reencontrarse con Will. Porque Will se preocupaba por ella, porque –a su modo- la había tratado como a una hija y porque recordaba los breves momentos en los que daba la sensación de que los tres –Will, Hannibal y ella misma- eran algo similar a una familia. Había creído, de un modo estúpido e infantiloide, que aquel día, en cuanto abandonaran el país, podría ser feliz.
¿Por qué, después de tanto sufrimiento, había sido tan ilusa?
-Ya voy.-Se apresuró a recoger las escasas pertenencias que tenía.

Apenas tres minutos después ambos estaban en el recibidor.
-¿Lista?-La chica se tapó la cicatriz donde antes había estado su oreja, que el antiguo cirujano le había extirpado sin aparente razón lógica, y asintió.
-Lista.

Will llegó bastante antes que Jack y poco después de que la pareja se hubiera marchado, vació su mente y se puso manos a la obra.
De manera metódica, casi como un autómata, fue dejando pruebas de una pelea entre él mismo y el rubio por toda la casa de modo que su historia fuera totalmente creíble, sin dejar ni un cabo suelto. Llegó incluso hasta auto infligirse heridas realmente profundas en algunos puntos que –si Jack tardaba demasiado- podían llegar a resultar mortales.
No se olvidó de nada, ni de destruir el móvil para que nadie pueda ver sus conversaciones -sobre todo la última que había mantenido-, ni de coger un cadáver de un hombre que el dueño de la casa había cazado había poco y quemarlo de tal forma que pareciera que no había tenido más remido que prenderlo en llamas, de modo que era irreconocible, no tenía ni dentadura propia para poderlo reconocer. Tendrían que confiar en su palabra y… ¿cómo no iban a hacerlo si había hasta ADN del supuesto difunto dentro de las uñas del hombre?
Además, era Will Graham, la persona con menos papeletas para dejar huir al psicópata del universo entero, ¿cierto?
Se dejó caer en el suelo, la pérdida de sangre empezaba a ser considerable y estaba tan agotado como si de veras hubiera mantenido una pelea a muerte.
Perdió la consciencia justo en el instante en el que Jack atravesaba la puerta principal.

Hannibal no cayó en la cuenta de que Will le había mentido hasta después de que el avión levantara vuelo.
Fue un comentario de un pasajero cercano el que le hizo darse cuenta del hecho.
-Que suerte que apenas había coches viniendo, así hemos podido entrar sin ningún problema.-El hombre, un tipo de mediana edad y absolutamente nada remarcable, hablaba tranquilamente con su mujer, que parecía algo agobiada por el hecho de estar en un avión.
Eso era, no habían visto coches, ni uno solo pero…si Jack iba a llevar tantos policías hasta su casa… ¿cómo es que no se los habían encontrado? A no ser qué…
Lo siento, Hannibal, de veras que lo siento; las palabras de su última conversación le taladraron el cerebro y estuvo a punto de apuñalar a alguien. ¿Cómo había podido estar tan ciego?
Will no iba a aparecer. Les había traicionado a ambos, tanto al FBI como a él mismo.
¿Lo peor? Que le gustaba como lo había conseguido.
-¿Estás bien?-Abigail le miraba con extrañeza.
-Solo.
-¿A qué te refieres?
-Solo, estoy solo. Will no aparecerá.-Ella enmudeció, esperando lo peor en cuanto aterrizaran en suelo europeo.

-¿Will? ¿Estás despierto?-La voz de Alana le devolvió al mundo real.
-¿Dónde…?
-En el hospital, Hannibal te dejó muy mal. Has estado en coma una semana entera. ¡Menos mal que conseguiste matarle!-Durante un instante, se sintió confuso. ¿A quién se suponía que había matado? Entonces lo recordó todo y se obligó a parecer agotado ante un recuerdo traumático.
-Menos mal, sí. Va a ver un juicio contra mí y Jack, supongo, ahora que he despertado.
-Al final no. Es más, se está pensando en condecoraros por acabar con uno de los psicópatas más peligrosos de nuestro siglo. Aunque hay algo que igual deberías saber…
-¿El qué?
-Se busca a Abigail Hobbs.-A punto estuvo de volver a caer inconsciente.
-¡¿Cómo?!
-El equipo forense encontró claras evidencias en un cuarto de piso superior de que una persona había estado viviendo allí…las pruebas de ADN lo dejan claro, es Abigail. Por lo visto, Hannibal no la había matado. Al menos, no del todo. A saber cómo estará esa pobre chica, si es que sigue viva…Pensaba que te alegrarías.-El  rostro del hombre había perdido todo el color.
Tengo una sorpresa preparada para ti.
Esas habían sido sus palabras exactas, la sorpresa iba a ser Abigail…la había mantenido viva…viva para él…y ahora jamás podría rencontrarse con ellos e, igual, ahora Hannibal SÍ que la mataba, de forma definitiva y horrible.
“Estúpido, Will, eres estúpido”, se recriminó por dentro, aunque por fuera mostró una actitud muy diferente.
-Por supuesto que me alegro…es solo que…es mucho que asimilar.
-Y tanto.-Jack estaba en la puerta de su habitación.-Estoy con mi mujer y he pensado que podía hacerte una visita… ¿Qué tal Will?
-Algo en shock, la verdad…-Continuaron hablando un rato más, hasta que Alana dijo que debía de marcharse y se despidió de ellos.
Una vez solos, Jack suspiró.
-Menuda historia… ¿hay algo que lamentes de todo esto?
-La verdad es que sí, no haber llegado a besar nunca a Hannibal.-La frase fue dicha con toda la intención de ser una broma, y así se lo tomó Jack, riéndose a carcajada limpia.
Sin embargo, una parte de él parecía querer decirle que, igual, sí que lamentaba aquello.
-Bueno, vuelvo con mi mujer, nos vemos Will.
-Nos vemos Jack.

Pocos meses después, Will recuperó un estilo de vida que consideraba perdido. Asesoraba en casos de asesinato al FBI y continuaba dando clases, aunque esta vez ya no invertía parte de su tiempo en ir al psiquiatra.
En lugar de ello, tenía un nuevo hábito con el que llenar esas tardes o –al menos- algunas de ellas.
Porque Hannibal sí que había logrado su objetivo y había despertado en él una parte de él que le atemorizaba y que, como supo desde el mismísimo instante en que mató a Randall Tier, no podría acallar.
Así que, de vez en cuando, en las noticias internacionales aparecían noticias de peligrosos y retorcidos asesinos en serie que aparecían muertos en los lugares que más parecían apreciar desfigurados de un modo brutal que parecía en cierto modo un homenaje a su modus operandi.
En esos días en que hasta en Europa se ocupaban de aquellos asesinatos estadounidenses, Hannibal Lecter sonreía con orgullo al recordar a Will Graham.

Y otras tantas llegaban a América noticias de un asesino en serie que mataba a sus víctimas y les extraía diversas partes del cuerpo que nunca eran encontradas y, muy a su pesar, Will Graham sonreía al reconocer el plan de Hannibal Lecter. 

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Este fic ha nacido del gran trauma ocasionado por el final de la T2 de Hannibal que creo ha sido bastante extendido y necesitaba...sep, NECESTIVABA, escribir un fix-it fic para mi mundo de ponis y unicornios peligrosos (es decir, siempre me han parecido unos bichos que tienen su señor peligro con el cuerno y todo...vale, ya lo dejo, deliro un pelín). 
Espero que no me haya quedado tan ooc como me temo...si es así, lo siento de veras.
Sé que no es precisamente una idea original, pero espero que os guste y me lo hagáis saber,
Marla

Nota: Nada reconocible me pertenece, inclusive la foto, que es de DeviantArt.
También en AO3: http://archiveofourown.org/works/1686725

22/5/2014

Highway To Heaven (Sobrenatural)


Cuando Metatrón le dijo a Castiel que Dean estaba muerto, que él mismo lo había matado, casi se derrumbó. Sin embargo, se obligó a mantener la compostura; tenía que acabar con el Escriba de Dios, tenía que evitar que causara aún más mal. Además, era Metatrón, existía una probabilidad muy alta de que estuviera mintiendo, ¿verdad?

El siguiente momento en el que tuvo que usar toda su fuerza de voluntad tuvo lugar no demasiado tiempo después, cuando encarcelaron al autoproclamado asesino del portador de la Marca de Caín y éste e quedó mirando al ángel que ocupaba el cuerpo del ya difunto Jimmy Novak no con la derrota que cabría esperarse, sino con una sonrisa arrogante y victoriosa.
El deseo de matarlo allí mismo ardía con tal intensidad en su interior que hacía que el dolor provocado por la gracia robada que le quemaba por dentro prácticamente desapareciera.
Sin embargo, consiguió recordarse a sí mismo que había jurado parar de una vez por todas con el derramamiento de sangre y que, viendo al propio Gadriel que tanto tiempo allí había pasado, pasar la eternidad encerrado en el cielo podría ser mucho peor que la muerte.

Cuando por fin hubo acabado con todo aquello y pudo marcharse de vuelta al búnker junto a los dos humanos que había llegado a considerar más familia suya que a sus propios hermanos y a su ausente padre, Cas debía admitir que una parte de él hubiera preferido que el cazador hubiera estado muerto a en el estado en el que lo encontró.
Lo notó nada más llegar -antes incluso de ver a Crowley intentando convencer a Sam de que no entrara en la habitación- supo lo que había pasado. Podía percibir el alma de Dean; pero ésta estaba deformada,  oscurecida y algo encolerizada.
En definitiva, demonizada.
Se quedó helado y tragó saliva.
“Así que las leyendas eran ciertas…oh Dean, ¿qué te ha pasado?”
Cuando por fin tuvo fuerzas para moverse, se acercó a la pareja de la puerta.
-Alce, no quiere que entres, cree que te hará daño si entras, no tiene claro que pueda controlarse.-Crowley intentaba retener a su interlocutor aunque estaba claro que, a pesar de sus poderes demoníacos, estaba empezando a tener ciertos problemas.
-pero es mi hermano, no entiendo por qué piensa que sería capaz de hacerlo.-El demonio suspiró, cansado.
-Los Winchester tenéis la cabeza tan dura como una piedra… ¿de lo de Poderoso-Demonio-Con-Ansias-Homicidas qué parte no te ha quedado clara?-El Rey del Infierno calló de golpe al ver al ángel.-Mira quién ha venido a unirse a nuestra fiesta...¡Dean, tu novio celestial ha venido a verte!
-¡Lo sé, lo percibo!-Su voz no sonaba apenas diferente a como solía hacerlo, pero estaba cargada de una especie de oscuridad nueva, que le provocó un escalofrío como nunca antes lo había sentido.- ¡Cas, sé que lo sabes! ¡Sé que lo notas! ¡Vete, maldita sea!-Con aquella sencilla orden, con el temor que la acompañaba, una pequeña esperanza empezó a crecer dentro del aludido llenándole de una energía que creía que jamás recuperaría.
Porque Dean temía herirle; y si Dean temía herirle quería decir que, en cierto modo, aún le importaba. Que aún seguía siendo quién fue, aunque fuera en una versión maligna y retorcida.
Y en aquel preciso instante recordó a Meg no sin el sentimiento de pérdida que pensar en la demonio le traía siempre y el recuerdo de su media sonrisa mientras le llama Clarence. Demonio, cierto. Del ‘Equipo Malos’ la mayor parte del tiempo o con los buenos por intereses propios, también era verdad. Pero Meg había sido capaz de desarrollar ciertos sentimientos…a pesar de todo, había podido amar. Si Meg había podido, Dean tenía muchas más papeletas.
Como un autómata movido por un resorte, apartó a las dos figuras que seguían forcejeando en la puerta y entró, sin tan siquiera molestarse en cerrarla del todo.

Dean se encontraba de espaldas a ésta, dándole vueltas a la Primera Espada en la mano y una expresión indescifrable. Sus ojos verdes habían desaparecido y en su lugar dos globos oculares totalmente negros habían aparecido.
Sin embargo, lo que más le dolía a Cas era percibir lo rota que estaba su alma tan de cerca, ni siquiera en el Infierno había sido así.
-No deberías haber entrado Cas.-La ira que cargaba sus palabras hizo que, durante un instante, todas sus esperanzas se derrumbaran. Sin embargo, se recompuso enseguida, tenía que ser fuerte. Después de todo, aquello era Dean o, al menos, todo lo que quedaba de él.
-Sentía que debía hacerlo.-Replicó con sencillez. EL nuevo demonio se giró con una agilidad inhumana, clavó los ojos sin iris en él y le analizó de hito en hito con la mandíbula contraída, como si intentara contenerse contra algún tipo de instinto.
-¿Y eso qué cojones debe significar?-El Ángel de los Jueves no supo qué contestar. ¿Cómo lo podía explicar? Lo que sentía por Dean…incluso así, convertido en uno de los monstruos que él mismo más odiaba, seguía teniendo una de las almas más increíbles que hubiera visto nunca…no, una no La Más increíble de todas.
Empezó a recordar todas las veces que le había salvado, las veces en las que se habían sacrificado el uno por el otro…cómo le había enseñado a pensar y sentir por sí mismo casi sin darse cuenta…incluso las traiciones, las peleas y el dolor merecían la pena.
Lo que le había hecho entrar en aquella había sido eso y mucho más, muchísimo más de lo jamás sería capaz de comunicar de forma oral.
Así que simplemente le devolvió la mirada, aguantó la visión del negro sustituyendo a la esmeralda y replicó:
-Por lo mismo que siempre volveré.-Contra todo pronóstico, aquella nueva versión de Dean estalló en carcajadas. Le miró extrañado.- ¿Por qué te ríes?
-Lo siento es que así…como demonio puedo ver tu alma…y… ¿sabías que las almas se pueden ruborizar?
-Sí, la tuya lo hace siempre.-Las risas cesaron de golpe.-Como ahora mismo.-De repente, al ver la ruborización de su amigo, un nuevo pensamiento nació en la mente de Castiel, una idea nueva…aquel Dean seguía siendo, en parte, el Dean Bueno original, dispuesto a salvar al mundo y sacrificarse él en el camino, dispuesto a todo por su hermano pequeño…pero al mismo tiempo era un nuevo Dean, un Dean Malo, que deseaba matar, disfrutaba viendo sufrir y que no se lo pensaría dos veces antes de hacer cualquier tipo brutalidad para conseguir sus objetivos.
Y aquello le fascinó de modo que no comprendía y que le asustaba.
-Ahora en serio, Cas, ya no soy Dean Winchester. O, al menos, no el Dean Winchester que tú aprecias.
-En parte, sí que lo eres. Y, además, te prometo que intentaré arreglar esto. Todos lo haremos.-Una monstruosa risa escapó de los labios de su interlocutor.
-¡Pero yo no quiero ser arreglado! Es una locura pero…jamás me había sentido tan bien. Es cierto, deseo matar, más que nada en el mundo y…noto la oscuridad dentro de mí, ¡joder que si la noto! Y sé que quién era antes hubiera elegido antes morir antes que convertirse en esto.-Se señaló los ojos.-Pero ahora mismo…no quiero ser arreglado. Quiero seguir roto. Total, siempre lo había estado en parte, ¿no? Al menos, ahora estoy completo…-Aquellas palabras hicieron nacer en Castiel un nuevo dolor y una parte de él empezó a plantear cómo lo podría hacer para traer de vuelta al antiguo Dean.-…y hay algo más, algo más bueno de esto…no sé si es porque ya no soy humano…o simplemente porque mis sentimientos positivos se han visto muy reducidos…ahora hay cosas que veo mucho más claras.-Y, entonces, se plantó de un brinco delante del ángel y, cogiendo la cara con ambas manos, lo besó.
Lo besó como nunca había besado a nadie, como jamás había esperado hacerlo. Con hambre, con ira, incluso dolor y desesperación pero a la vez con amor, con un amor extraño, como el que solo un demonio que recuerda lo que es la humanidad puede sentir.
Durante un instante, Castiel pensó que su gracia robada por fin había acabo con él, porque era incapaz de sentir nada. Por suerte, este estado solo duró un segundo y se encontró devolviéndole el beso con aún más intensidad.
-Maldita sea, Dean, maldita sea.-Murmuró contra  su hombro antes de volver a arremeter, esta vez empujando al ex humano contra la cama.

-Y sólo han tardado cinco años, más muertes de las que se pueden enumerar, todo tipo de enemigos dispuestos a acabar con la vida en la Tierra tal y como la conocemos y un par de cambios raciales para llegar a este momento.-Crowley observaba la escena junto a Sam, ambos bastante entretenidos con la visión del ángel y el demonio enzarzados en lo que parecía el reencuentro de dos amantes tras años buscándose desesperadamente (lo cual, en parte, en verdad eran).
Sam bufó.
-Y tú no tenías que estar con ellos todo el tiempo. Había días en los que básicamente no hacían otra cosa que mirarse fijamente a los ojos y reducir el espacio personal al mínimo posible.-Puso los ojos en blanco y dejó entrever una pequeña sonrisa. Por supuesto que odiaba la idea de que su hermano ahora fuer aun demonio pero, al menos, así había conseguido admitir sus sentimientos hacia Cas, obvios para todo el mundo (incluido el propio Metatrón, de eso estaba seguro el menor de los Winchester).
-Y mientras el perrito abandonado y la ardilla compartían miraditas supongo que el alce se quedaba solo…siempre podríamos arreglar eso, ¿sabes?-Sam le miró alzando una ceja.
-Ni lo sueñes, Crowley.-Éste se encogió de hombros.
-Por probar…

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 Hola queridos lectores!

Lo sé, fic de Cas encontrándose con demon!Dean justo después de la season finale...no es muy original que digamos pero es que NECESITABA plasmar esta historia en papel...era algo casi obligatorio para mí. Siento si está muy mal escrita, la he redactado en el instituto y ayer a las tantas de la noche y eso siempre se nota...

Bueno, pedir especiales disculpas en caso de que Cas me haya quedado algo OoC (o cualquier otro personaje en general, la verdad), es la primer avez que escribo un fic desde su punto de vista y, la verdad, me ha costado horrores...espero haberlo hecho bien. También por las posibles faltas ocasionas por escribir a la velocidad de Barry Allen aka Flash sin poseerla.

Deseando que os haya gustado mi versión demoníaca de Dean y la historia en general,
Marla

PD: Nada reconocible me pertence, es de la CW, esa productora cruel que se niega a hacer cannon algo que es más cannon que azules los ojos de Cas. Y la foto, esa que es amor, es de tumblr.
 PD2: Lo del título de la historia...sin sentido, horterada donde las haya Highway to Hell (AC/DC)+Stairway to Heaven (Led Zeppelin)
PD3: También en AO3:  http://archiveofourown.org/works/1673900

22/4/2014

¿Celoso, yo? ¡Jamás! (Sherlock)

¿Celoso, yo? ¡Jamás!

James Moriarty era lo más parecido a un amigo que alguien como Sebastian Moran podía aspirar a tener. Ambos se conocían desde hacía años –desde que Moran había sido expulsado del ejército, prácticamente una vida atrás- y tenía una confianza absoluta en el toro, pues no tenía sentido mentir sabiendo que el otro se daría cuenta al instante. Nunca nada se había interpuesto en su alianza empresarial  como el único criminal consultor del mundo y su socio y habitual mano ejecutora.
Entonces había llegado él.
Sherlock Holmes, el antagonista perfecto para el elegante psicópata. Igual de brillante, igual de necesitado de retos, igual de dispuesto a todo…en definitiva, mucho más interesante de lo que el exmilitar podía llegar a soñar ser.
En un principio, su amigo se había molestado en disimular su desmedido interés por el detective consultor pero, tras truncar este sus planes en diversas ocasiones, había compuesto un jugo solo para él. Cuando Jim se lo contó por primera vez, un nuevo sentimiento había inundado su cuerpo y, aunque su mente racional había sido incapaz de determinar nada más allá de que le hacía sentir muy molesto, la pequeña vocecilla de su subconsciente no paraba de susurrarle –no sin cierta malicia- “No estarás celoso, ¿verdad Moran?” A lo que él respondió mentalmente con un “Que te jodan”.
De lo que sí era totalmente consciente era que William Sherlock Scott Holmes era una verdadera molestica, no solo para su relación con la mayor mente criminal nunca nacida –como le gustaba al susodicho referirse a sí mismo- sino también para sus negocios por lo que, tras analizar con detenimienot todos los archivos relacionados con él, acabó dándose cuenta de que lo único que podían hacer para detenerle.
No se lo pensó dos veces antes de decirse a utilizarlo.
Corrió a contárselo a su compañero.

En un primer momento, su interlocutor no dio crédito a sus palabras.
-Pero John Watson es vulgar, solo una mascota. Exmilitar adicto al riesgo, totalmente leal a su brillante compañero de piso, suele ser su mano ejecutora en la acción… ¡aburrido!-Aquello provocó en su interior una reacción que pocas veces antes había sentido y que le trajo a la mente su no demasiado feliz infancia: dolor puro y primigenio, del que se hunde en tus entrañas y no consigue ser expulsado. Aquella descripción era tan parecida a él mismo y Jim la había tratado con tanto desprecio… ¿pensaría lo mismo de él?
Decidió obviarlo, no era una persona dada a las sensiblerías.
-James, míralos bien. Mira como le mira Holmes.-Tiñó el apellido del más alto de la pareja de hombres que observaban en las fotografías de cierta repulsión, y no solo por Sherlock y lo que para él representaba, sino también por su hermano, Mycroft, algo así como el Gobierno Británico encarnado en un hombre de mediana edad que parecía haberse metido una escoba por el culo.- ¡Nadie miraría así a una mascota! ¡Así es como se mira a alguien a quién amas!-“Como tú quieres que él te mire”, volvió a tacas su molesto subconsciente.
“Cállate, gilipollas” le respondió él, incómodo. ¿Desde cuándo se estaba volviendo tan jodidamente sentimentaloide?
Mientras mantenía este combate mental, el psicópata vestido de Armani analizaba por tercera vez las fotos traídas por el rubio.
 Hizo una mueca que éste conocía muy bien, la mueca de rabia al saber que se había equivocado y alguien inferior le había ganado.
-Puede que tengas razón…tendremos que hacer una visita de John Hamish Watson, supongo.

Desde su nido, Sebastian Moran apuntaba a John Watson justo en el pecho mientras observaba la escena. Fue consciente de que iba a abrazarse a Moriarty para intentar salvar la vida de su amigo, ¿qué por qué lo sabía? Porque exactamente lo mismo que él haría.
Porque John y él eran diferentes en muchos aspectos –él disfrutaba matando de un modo casi inhumano mientras que John consideraba aquella actitud odiosa, John estaría dispuesto a morir por salvar la vida de gente inocente mientras que él veía aquella actitud como una soberana estupidez…- pero eran idénticos en uno: su absoluta fidelidad a su particular genio de cabellos oscuros, por muy mal que estos pudiera tratarles.
Lo que le sorprendió algo más fue la respuesta de Sherlock, no dudo ni un instante, no se planteó ni por un segundo marcharse de allí, para nada. Desde un primer instante lo tuvo claro: no iba a salir de allí sin John.
Entonces Sebastian no solo terminó de asumir que sí, era cierto que estaba celoso de la atención de James le prestaba a Sherlock, sino que también sentía celos por John por como su mejor amigo se preocupaba y sacrificaba por él de un modo en el que el suyo propio jamás lo haría.
Y eso no le daba si no más ganas de matar a la pareja.

Tras acabar aquel día de locos en la piscina que en su día había servido para el estreno del criminal consultor en el mundo del asesinato, Moran era incapaz de ocultar su malestar. Sin embargo, cuando Jim se acercó, no sin cierta malicia, a preguntarle lo que le pasaba, negó que le ocurriera nada con un movimiento seco de cabeza.
-Pareces celoso Sebastian…no estarás celoso de Sherlock Holmes y su fiel soldadito, ¿verdad?-Soltó una carcajada que, aunque falsa, resultó bastante convincente.

-¿Celoso, yo? ¡Jamás!


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En primer lugar, como siempre, decir que nada me pertenece (ya me gustaría...) todo lo reconocible de la historia es propiedad de los herederos de Sir Arthur Connan Doyle y la BBC y la foto la encontré en google...(ya me gustaría a mí dibujar así)

Y he aquí mi pequeño fic sobre Sebastian Moran en la serie Sherlock y su "relación" con James Moriarty. Obviamente, está ambientado en algún punto intermedio de la 1ª temporada hasta poco después de finalizar esta y algo antes de empezar la segunda (y pensar que en su momento aquel hiatus me pareció mortal...que inocente que era yo).
Espero que Jim no me haya quedado demasiado OoC y que os guste mi "visión" de Moran. Sea como sea, sois libres de comentarlo y darme vuestra opinión más sincera (las críticas constructivas siempre se agradecen ;) )

Deseando que os haya gustado/entretenido/agradado,
Marla

25/3/2014

Tu Es En Train De Voir Surnaturel (Sobrenatural)

Tu Es En Train De Voir Surnaturel

En un orfanato bastante pobre de las afueras de París, una chica de piel color chocolate con leche y rizos oscuros revueltos leía con concentración un libro.
No tendría más de quince años y era delgada y alta, aunque no demasiado, para su edad. Su nariz algo respingona y torcida debido a las peleas en las que su fuerte carácter y gran cabezonería la metían resaltaba en un rostro aún algo infantiloide de ojos de un no muy remarcable tono marrón con unas imposibles pecas que parecían formar diminutos triángulos totalmente equiláteros en ambas mejillas.
Su vestimenta consistía en una ajada camiseta de alguna campaña publicitaria –las letras estaban desgastadas y no se podía leer bien cuál fue- encima de un viejo sujetador que  antes había pasado ya por al menos cinco chicas diferentes a las que se les había quedado pequeño –o que habían conseguido una familia de acogida y se habían librado de la incómoda prenda-, un pantalón de chico demasiado ancho lleno de jirones, unos calcetines negros y unas deportivas con los cordones deshilachados. Lo único medianamente en condiciones eran los calcetines, que había conseguido en una tienda de segunda mano y a los que trataba como un tesoro para que siguieran teniendo el tono negro de un Chevrolet Impala del 67.
Esta chica -solitaria, aguda, orgullosa, inteligente sin llegar a la brillantez y muy,  pero que muy, cabezota- era Camille Leport, huérfana desde los siete años junto a su hermano menor, Pierre y el libro que leía uno de los que formaba parte de aquella saga que a ella le encantaba pero que –por alguna razón- no había tenido especial éxito y solo había sido publicada en inglés; Sobrenatural.
En realidad, no sabía muy bien por qué la había empezado (seguramente era un día lluvioso y, como de costumbre, se refugió en alguna librería y lo encontró de puro milagro), pero tenía muy claro que jamás la olvidaría. Aquellos dos hermanos y sus historias se habían convertido en parte de su vida casi tanto –o incluso más- que el orfanato y su horriblemente tediosa y no demasiado agradable rutina.
En aquel momento, uno de los protagonistas –el mayor de los dos hermanos Winchester, Dean- había muerto por decimotercera vez en un martes que no parecía tener fin sin que su hermano pudiera hacer nada. Al principio, las muertes le había dolido a la chica como puñaladas en el corazón, pero en cuanto llegó a la décima entendió que debía de ser algún tipo de truco (¿sería El Bromista de nuevo?) y pasó simplemente a intentar dilucidar cómo y por qué estaban ambos atrapados en aquel bucle infinito, Dean siempre muriendo y Sam incapaz de impedirlo.
Sin embargo, algo la distrajo de su lectura. Fue un ruido rápido, apenas audible pero realmente escalofriante. Se puso en tensión, pero no vio ni oyó nada más…aunque lo que sí hizo fue captar un fuerte y desagradable olor, el olor del azufre.
Aún a sabiendas de que era una locura, un solo pensamiento pobló su cabeza: demonios.
Recogió el libro a toda prisa y subió a su cuarto a la velocidad del rayo. Allí se encontraba su hermano, que había subido para consultarle alguna cosa que quedó en segundo plano al ver la cara de pavor de su hermana.
-¿Camille, qué ocurre? –La preocupación del niño, que tan solo contaba con diez primaveras a sus espaldas, conmovió a la chica, que intentó aparentar normalidad
-Nada, es solo que…he hecho una apuesta con Marie, ¿me podrías ayudar a dibujar un pentágono en el suelo?
-Vaaaale, pero luego me compras un helado, ¿eh?
-Está bien, ¿tenemos un trato?
-Por supuesto.-Replicó con un pequeño saltito de felicidad.

Una vez hubieron terminado el símbolo y cubierto con una alfombra, apenas unos minutos después, la curiosidad nació en el interior del menor de los dos hermanos.
-¿Por qué dices que Marie quiere el dibujo escondido?-Camille se encogió de hombros.
-Ni idea, ya sabes cómo es Marie.-Ante esto, el niño asintió. Marie tenía dieciocho años, por lo que había dejado atrás el orfanato, pero seguía pasándose a visitarlos, dado  que no podía afrontar adoptarlos, así como a ayudar a otros niños del orfanato. Era una chica algo alocada, con un comportamiento algo extravagante y una obsesión bastante considerable por las apuestas extrañas relacionadas de cualquier forma posible con el arte o la literatura; por esto mismo Camille y ella habían empezado a relacionarse, años atrás, convirtiéndose así en mejores amigas a pesar de los tres años de diferencia que había entre ellas.
Justo acaba de pronunciar esta frase, cuando la puerta se abrió, entrando el director del centro…solo que no era el director.
Sus ojos, normalmente grises, ahora eran totalmente negros, sin pupila alguna y su habitual sonrisa -algo estúpida, según la joven- se había sustituido por una mueca algo contraria y amenazante.
-Una trampa, ¿eh? Chica lista…pero acabaré saliendo de aquí, antes o después.
-Oh, no, no lo harás.-Replicó ella mientras agarraba con fuerza uno de los tomos de la saga que les había permitido sobrevivir hasta ese momento.-Te voy a mandar de vuelta a tu asqueroso y jodido infierno, hijo de la gran puta, ¡cabrón!
-Camille, ahí te has excedido un pelín.-Comentó su hermano, tan en shock que no podía decir nada más.
-Bueno, es cierto, la emoción, perdona.
-Vale.-Ella se volvió de nuevo hacia el ser que ocupaba el cuerpo del, hasta entonces, totalmente aburrido y anodino Monsieur Libert.- Volviendo a ti, ahora mismo me vas a decir qué narices quieres de mí.-La risa que salió de la boca de su interlocutor los dejó a ambos helados por igual.
-¿De ti? Nada querida…aunque si siques por este camino seguro que te haces popular entre los míos…-La miró de un modo que la hizo sentir muy incómoda, como un hombre mira a una mujer, pero de forma más retorcida…-Él es el importante.-Señaló con la cabeza a su hermano.
-¡¿Pierre?!
-Sí, lo quieren para algo…aunque obviamente no me dijeron más.-Ella se encogió de hombros.
-Peor para ti, escoria.-Y empezó a recitar el exorcismo que tantas veces había leído. A pesar de la seguridad que mostraba, no pudo evitar sorprenderse al ver que éste funcionaba a la perfección. Unos segundos después, el recipiente del demonio volvió a su antiguo ser, lo cual no fue exactamente bueno.
-¡Vosotros dos! Ese ser… ¡ha estado a punto de acabar conmigo por vuestra culpa! ¡Fuera de este centro, ya!-No pudieron mediar palabra, a los pocos días, el director ya había hecho formal una excusa para su precipitada ida del orfanato.

Era una mañana increíblemente soleada –especialmente si tenemos en cuenta que nos encontramos en París, la ciudad del amor…y la lluvia- y ambos hermanos se encontraban, cada uno con su respectivo petate al hombro, a la entrada de un edificio abandonado a las afueras de la capital francesa.
Camille lo había localizado una semana antes, pertenecía a unos tales hombres de letras que eran, por lo visto, la versión en rata de laboratorio de los cazadores. Sin embargo, aquel en concreto estaba abandona, por lo cual era perfecto para ellos.
Suspiró.
-¿Estás segura de que aquí no nos podrán…me podrán encontrar?-A pesar de haber pasado tan solo unas semanas, Pierre parecía mucho más mayor y, sin lugar a dudas, todo menos el niño de diez años que era.
-Absolutamente.-Replicó ella mientras abría la puerta del lugar y dejaba pasar al más joven de la pareja.
-Y ahora, ¿qué haremos?-Preguntó éste mientras soltaba su bolsa en el impresionante recibidor. Ella le dedicó una sonrisa medio triste, medio emocionada.

-Salvar personas y cazar monstruos, el nuevo negocio familiar.-Cerró con un portazo, una nueva vida les esperaba.



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¡Y he aquí mi última fumada mental! Este fic nació de un post de tumblr que vi hace ya bastante tiempo que se planteaba lo siguiente: "Solo sabemos de los cazadores de EEUU pero...¿acaso no podría haber en Europa?" (de él he sacado la foto de arriba, así como dato).

Camille y su hermano Pierre..seamos sinceros, soñé con ellos y sus aventuras...así que me sentí casi obligada a pasar el "inicio" de esos sueños al papel...(bueno, ordenador).

Esperando que os guste,
Marla

  PD1: Nada reconocible me pertenece, inclusive la foto. 

PD2: También en AO3: http://archiveofourown.org/works/1368145