24 jul. 2015

Once Upon a Dragon (Hannibal+OUAT)



En el continente Dragón Rojo, cuya bandera hacía honor de un modo algo macabro a su nombre, había dos grandes reinos -así como otros menores que ahora no nos ocupan- cuyos nombres eran, respectivamente, Chesapeake y Lituanmark. El rey del primero, obsesionado con el poder, había oído que el heredero del reino vecino era un niño realmente brillante y de gran frialdad ya en aquel momento, sin contar tan siquiera con diez años de edad, cosa que le había inundado de un gran temor a que su primogénito- todavía en el vientre de su esposa- no estuviera a su altura y acabara perdiendo parte del reino que tantos cadáveres le había costado amansar a través de guerras o alianzas políticas. Tal era su preocupación que, un día mientras su mujer dormitaba, se encerró en su estudio e invocó a una criatura de un país lejano -El Bosque Oscuro- que era comúnmente conocida como El Oscuro y que contaba con la habilidad de cumplir casi cualquier deseo por un módico precio fijado previamente con un pacto  que bajo ningún concepto debía romperse.

-Bien, ¿por qué me habéis llamado, Gran Thomas?-Había en el tono del ser cierta sorna que molestó al monarca.- ¿Habéis seguido escribiendo con el paso de los años? Oh, ya veo vuestra cara que la respuesta es no… ¡ops! Difícil seguir con esa clase de sueños cuando se gobierna un reino, ¿cierto? Aunque, bueno, tampoco es que se pierda mucho el mundo.-Rio de forma algo demencial.-Yendo al tema por el cual habéis osado convocarme… ¿Qué es exactamente lo que deseáis hacer con vuestro hijito, el príncipe William?-Ni siquiera se inmutó ante el hecho de que aquella criatura conociera el nombre que pensaba ponerle a su hijo, sabía que eso era lo que el hechicero deseaba.
-Quisiera que él, así como el resto de mi descendencia, posean mentes realmente privilegiadas y brillantes.
-¡Tranquilo! Su destino ya era ese…al menos el de los dos primeros…el tercero…-arrugó el ceño y ladeó la cabeza-…no tanto.
-Pues impide que nazca de este modo.-Otra vez la risa histriónica llenó la sala.
-Demasiado fácil…tanto que aquello que te voy a pedir a cambio es casi un favor a tu hijo…-Se puso serio de forma brusca.-Cuando tu hijo cumpla los dieciséis años, caerá en un sueño que en nada se diferenciará de la muerte y del que solo despertará si su verdadera Otra Mitad le da un beso.
-¿Otra Mitad?
-Otra Mitad, Media Naranja, Amor Verdadero, Destino, Bel…-Bufó, como si se hubiera dado cuenta de que lo que iba a decir no era apropiado para la situación.- ¡Llámalo como prefieras! ¿Tenemos un trato?-Thomas asintió y, tras sellarlo, El Oscuro desapareció, dejando al rey cavilando sobre quién podría ser aquel amor verdadero de su hijo.
No podría conocer la respuesta hasta muchos años después.


16 Años Después

Clarice adoraba los caballos. Si por ella fuera, los caballos serían los animales sagrados del reino, tendrían que ser venerados como a dioses y, bajo ningún concepto, podrían ser sacrificados.
Clarice era una niña menuda de 11, mente brillante y una belleza infantil que algún día la convertiría en una mujer realmente hermosa. Era la hija menor del Rey Thomas y huérfana por parte de madre, al haber muerto ésta en el parto de su hermano menor, que también pereció aquel día, menos de una hora después de haber nacido.
Aquel día, su adoración por los caballos era aún mayor, pues eran lo único que podría lograr alejarla de la ceremonia de presentación oficial de Lady Alana como prometida de su hermano mayor, Will o -como le gustaba llamarlo a ella- El Príncipe de los Perros.

Corrió a la cuadra dispuesta coger su yegua favorita -Hannah, un ejemplar ciego y viejo pero realmente leal y cuidadoso con los niños- y a punto estuvo de conseguir marcharse sin ser vista, pero una voz con acento extranjero la sorprendió justo antes de montar.
-¿No coges el sillín?-Detrás suyo, agachado junto a un corderito, estaba Hannibal, antiguo príncipe de un próspero reino vecino que ahora apenas era un recuerdo tras haber sido destruido años atrás, resultando él como único superviviente, por lo que se había exiliado allí…después de haber acabado de forma brutal con todos los implicados en la muerte y posterior degustación de su hermanita pequeña (cosa que, por supuesto, nadie sabía).
-Nope, solo voy a dar una vuelta por el patio…para despejarme.-La miró divertido, colocándose con elegancia las mangas del jubón.
-No hace falta que me mientras, compartiendo como comparto la opinión de que Will merece…otra cosa.-Clarice todavía estaba muy lejos de poder considerarse medianamente experimentada en el asunto romántico, pero fue perfectamente consciente de que la voz de su interlocutor estaba teñida de celos. La chica sabía que la prometida de su mejor amigo y él habían mantenido una relación en el pasado; algo que la mejor amiga de la niña, Ardelia Mapp, denominaría con picardía  romance primaveral. Además, desde que Will se le había declarado a la joven de pelo oscuro el rubio se había mostrado más distante con él…seguramente no soportaba la idea de que se quedara con su antigua novia.
No se podía llegar a imaginar lo equivocada que estaba.
-Entonces… ¿Te vas a chivar?-Aquello le daba especial miedo, pues supondría la prohibición de practicar con arco durante varios días y ella era la mejor de todos, ¡incluso mejor que los chicos!
-Bueno
-¡Mi señor! ¡Princesa!-Barney, un fiel criado, llegó corriendo aceleradamente, algo poco habitual en él.
-¿Qué pasa Barney?-Preguntó el chico con cierto hastío, creyendo imposible que algo realmente importante o sorprendente pudiera haber pasado.- ¿Otro cadáver al que le faltan órganos?
-No, nada de eso…el príncipe William…él…se ha desmayado y es incapaz de despertar…acabamos de avisar al Rey Thomas…Su Majestad me ha pedido que se os reúna a todos de inmediato en la Sala del Trono.-La cara de ambos nobles tomó un tono pálido.
-Vamos.

Apenas media hora después todos estaban reunidos alrededor del heredero al trono, incluso Bryan -el juglar de la corte- se encontraba allí, y habían sido puestos al corriente sobre la maldición que pesaba sobre el primogénito de su gobernante desde antes de su nacimiento -aunque no de los términos en los que ésta había aparecido-.
Will parecía dormir intranquilo -cosa que, por otro lado, era lo habitual en él, al ser un chico de mente brillante pero tormentosa-. Su perro más leal, Winston, tenía su hocico posado en el borde de la cama improvisada que había construido para él en medio de la sala.
La futura princesa heredera se acercó la cama con los ojos llenos de lágrimas.
-Oh, Will…-Le besó y todos contuvieron el aliento. El joven abrió la boca y…
-…el ciervo.-Musitó en sueños antes de volver a quedarse quieto. La sala de sumió en la desesperación y Clarice frunció el ceño, ¿y si ese ciervo era el que debía besarle…?


Poco a poco todos se fueron marchando, siento la impotencia cernirse sobre ellos, pero Clarice no pensaba desistir.
Si había conseguido detener a Mason -el hijo de Lord Verger, un noble con una importante granja porcina- cuando intentaba pegar a su hermanita hasta dejarla inconsciente por pura diversión a pesar de que éste era mayor que la princesa (de la edad de su hermano) y encontrarse en aquel momento acompañado de varios matones no pensaba dejar que una estúpida maldición le impidiera volver a hablar con William nunca más.

-Igual no es Alana, igual es Beverly…-Beverly era una de las mejores amigas de su hermano, trabajaba como criada en el castillo y Ardelia siempre había creído que se sentía interesada por el futuro rey.
Corrió a buscarla y la llevó para besar a su hermano.
El resultado fue exactamente el mismo que con Alana: el adolescente abrió la boca, musitó “el ciervo” y volvió a perder del todo la consciencia.

-Igual no era amor romántico…Igual era familiar…-En ese claro, le parecía clarísimo que la salvadora debería ser ella, pues era el familiar más cercano y con el que más se compenetraba el chico.
De nuevo, no obtuvo ninguna variación en la respuesta del cuerpo de Will.

-¿Y si fuera su mejor amigo…?-Corrió a buscar a Hannibal pero, por más que le dio vueltas al castillo, no fue capaz de encontrarle a él ni a nadie que supiera donde se encontraba.

Tras varias horas de búsqueda infructuosa, volvió desesperada a la Sala del Trono, maldiciendo por la bajo al extranjero de pelo rubio y pómulos afilados, aunque nada más llegar helada.
Hannibal estaba allí y, a su lado con expresión confusa, se encontraba su hermano, totalmente despierto.
-¿Qué…qué ha pasado?
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-Con todos ustedes, los nuevos príncipes, ¡Lord William y Lady Alana!-Clarice hundió la cara en el plato con un gruñido sin importarle lo más mínimo que éste estuviera lleno de comida.
No se podía creer que aquello estuviera pasando, que su hermano se estuviera casando con ESA.

Ya había pasado un mes desde que su hermano despertara de su sueño mágico, que, según Hannibal, había resultado no ser tal, sino un simple envenenamiento que había podido curar gracias a un antídoto que había agotado curando al príncipe.  Al menos, eso era lo que él le había explicado a ambos hermanos tras despertar Will.
Clarice tenía una teoría muy distinta, que creía que se podía confirmar con las miradas que el salvador del heredero a la corona le llevaba lanzando a éste y a su nueva mujer todo el día. Gracias  a ellas, la niña había acabado de comprender que el rubio sentía celos, sí, pero no de Will por estar con Alana, sino por justo todo lo contrario. Eso a su vez la había llevado a otra conclusión: el ciervo que habitaba los sueños de William no podría ser otro que el príncipe sin reino.
Sin embargo, no había dicho nada; sabía lo que les podía pasar a ambos si alguien lo llegaba a descubrir…además, el reino tenía preocupaciones mayores, como, por ejemplo, el aumento de cadáveres encontrados en posiciones de lo más extrañas -casi artísticas en ocasiones- y con partes que habían ido extraídas con precisión de curandero.
Decidió no pensar más en la, a su modo de ver, desastrosa vida sentimental de su hermano mayor y centró sus esfuerzos en el asesino misterioso.

-¿En qué piensas?-La sorprendió una voz a su espalda, puso cara de desagrado, era la voz de su nueva futura reina.
-En quién puede ser el asesino que mata a toda esa gente de forma tan horrible.-Replicó, sentía tal desdén hacia Alana que no le apetecía ni mentirle, menos aun viéndola de la mano de su nuevo esposo; que fue el que habló a continuación.
-Yo sé quién es.-Ambas le miraron, sorprendidas.
-¿Quién?
-No sé quién personalmente pero sé…-Meneó la cabeza, como sabiendo que lo que iba a decir iba a sonar a una locura absoluta.-Sé que fue el ciervo, el ciervo de mis sueños.
Clarice tragó saliva atropelladamente y, de golpe, todo encajó.



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¡Ea!, otra historia terminada y publicada...
...En realidad la acabé hace mucho pero la pereza para publicar...es real. La idea en sí no es demasiado original, pero me apetecía muchísimo escribir sobre una situiación con Will "bello durmiente" y sobre Rumple trolleando a otros fandoms así que...este es el bebé que ha nacido.
Siiii, lo sé, meter a Clarice ha sido un capricho y de los grandes pero es que esa chica es genial y como que en la serie no la vamos a ver así que...de hermanita pequeña de Will y, de paso, para poder poner un punto de vista que no sea el de narrador omnisciente.
Siento el final, sé que es algo abrupto (que conste que tengo en mente una secuela en la que hay más OUAT, escenas Hannigram propiamente dichas y la aparición de Sobrenatural en escena...pero toda vía está en modo preconcepción así que tiempo al tiempo -más bien siglos a los siglos conociéndome-)...no sé me ocurría nada más; de nuevo, lo siento.
Solo añadir que anda reconocible me pertenece (incluida la foto) y que espero os haya gustado o, al menos, no desagradado demasiado,
Marla
PD: También en Ao3 y fanfiction: http://archiveofourown.org/works/4413011


29 jun. 2015

Las Piernas que Bailaban Claqué (X-Men)



En aquel nuevo presente Logan había visto cosas sorprendentes en todos los sentidos de la palabra, pero ninguna tanto como la fotografía que tenía delante.
Tomada hacía un mínimo de cuarenta y cinco años, mostraba a una versión del Profesor X mucho más parecida a la que había conocido en el pasado que a la actual con cara de pocos amigos, las mejillas encendidas y los brazos cruzados totalmente rígidos mientras bailaba…claqué.
Había sido tomada por Mercurio, que parecía haberse convertido con el paso de los años en un habitante esporádico de la Escuela en esta nueva versión del mundo que Lobezno había ayudado a hacer posible, que recordaba el momento entre risas y acelerándose hasta resultar inteligible en algunos momentos.
Por lo visto, había ocurrido en el verano de 1977, en el que Charles había estado a punto de tener una recaída en su suero por culpa de una crisis que afectó tanto a mutantes como a humanos...también le habían hablado sobre ello, pero no en demasiado detalle, pues a nadie le parecía ni de lejos un tema ni apetecible ni agradable para tratar.
La cosa es que, desesperados por intentar ayudarle, Hank y Alex –que había vuelto al poco tiempo de evitar el desarrollo del Programa Centinela- habían tenido una idea que, al menos a ellos, les había parecido brillante; aunque tuvieran que contar con el archienemigo del telépata en la lucha no-tanto-en-lo-demás-aunque-nadie-había-podido-llegar-a-confirmarlo-oficialmente para ello, Eric Lehnsherr.
El plan era sencillo: colocarle unas prótesis de metal rodeándole ambas piernas a modo de exoesqueleto para que el mutante con poder sobre este material pudiera manejarlas y así darle a Charles algo similar a la capacidad de andar durante un rato.
Tanto Caos como Bestia creían que nada podía ir mal...pero ya convencer al implicado había sido complicado…

Aquella mañana, Hank se había tomado el suero, puesto que tenía que localizar a Magneto -que estaba en Nueva York- sin llamar demasiado la atención. Por la tanto, la visión que él y el mutante conocido como Caos daban era la de dos hombres jóvenes algo perdidos que visitaban la capital en lo que seguramente era un día libre de sus ocupaciones habituales. Lo cual, si se pensaba fríamente, tampoco era estrictamente falso…
Después de pasarse horas siguiendo los escasos indicios que tenían para la búsqueda sin el menor resultado, Alex bufó, exasperado.
-Hank, llevamos HORAS buscando a Eric y somos incapaces de encontrarlo…creo que deberíamos volver e intentarlo otro día. Después de todo, tampoco es que estuviéramos del todo seguros de que la idea le vaya a gustar a C…
-¿A quién le tiene que agradar qué idea?-La hostil voz detrás suyo hizo que el joven rubio sintiera un escalofrío por la espalda.
-Eric…tranquilo…venimos en son de paz.-Intervino Hank alzando ambas manos.-Charles está mal…-Los ojos de su interlocutor mostraron cierta alarma, siempre daba la sensación de que, aparte de él mismo (o uno de los secuaces de su Hermandad a los que él enviara personalmente), cualquiera que intentara dañar a Charles Francis Xavier tendría que soportar todo el peso de su ira.-Por culpa de eso que pasó hace unos meses…él…podría…volver a andar y a Alex y a mí se nos ha ocurrido que…si le damos la posibilidad de “andar” –remarcó las comillas con las manos- evitaríamos que decidiera volver a tomar el suero…
-¿Y dónde entro yo en todo esto?-Replicó el mayor de los tres mutantes cruzándose de brazos.
-Hank ha diseñado unas prótesis de metal que le servirían a Charles de exto…esto…esto…no…no era así…
-Exoesqueleto. –Se apresuró a corregir Bestia.- Para que las manejes, siempre y cuando prometas no hacerle daño, claro.
-¿Y por qué iba a hacerle yo un favor así a Charles?-Ninguno de los dos esperaban aquella respuesta.
-Es tu amigo
-…que intenta interponerse en mi camino una y otra vez… ¿Cómo sé que esto no es una treta suya para volver a intentar llevarme por el buen camino?-Ante esto, ambos amigos se quedaron en blanco durante unos instantes, hasta que Hank recordó algo que serviría (o, al menos, eso creía) para desarmar por completo a Magneto.
-No lo quieres admitir, pero le debes una.
-¿Perdona?
-El Programa Centinela, te dejó huir y no tenía por qué hacerlo.-Maldiciendo, Eric finalmente aceptó.

El siguiente problema apareció, de nuevo, de los labios de Eric. Solo que esta vez no fue una queja o negación suya a alguna idea de los dos amigos, sino un comentario que, por su obviedad, no había sido tenido en cuenta ni por Alex ni por Hank.
-¿Cómo pensáis colocarle las prótesis a Charles sin que se entere? Os recuerdo que es telépata y, diga lo que diga, no precisamente confiado…-Nada más pensarlo, Bestia dejó caer el rostro entre sus manos con un bufido.
-Podríamos crear un dispositivo que…-Comenzó.
-No.-Replicó el alemán, antes tan siquiera de que terminara la frase.
-¿Cómo puedes negarte antes de saber de qué hablo?
-Vas a proponer un dispositivo para bloquear su poder, y, créeme, hay mucha gente mucho peor que yo que podría llegar a usarlo…no sería agradable.-El chico volvió a bufar.
-Entonces, ¿qué propones tú, Lehnsherr?
-¿Y si contamos con alguien más en plan?-Alex se había mantenido alejado de la discusión, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos en cruz. Ambos se giraron a mirarlo, como si acabara de tener una revelación divina. Se encogió de hombros sonriendo.- ¿Qué? A veces la mejor idea no tiene por qué ser tremendamente brillante o retorcida…
-¿Y a quién propones?
-Mística.

Localizar a Raven fue, de lejos, lo más sencillo, debido a que -de forma totalmente accidental, se apresuró a puntualizar el joven-  Hank había escuchado cómo ésta le dio un número de referencia al que llamar a Charles en caso de emergencia, pero solo si es absolutamente necesario en su última visita a la Mansión X.
-¡¿Charles?! ¿Ha pasado algo?
-¿Qué…? No, mira, Raven, soy yo, Caos, nos gustaría contar con tu ayuda para, em…-Alex (que había sido finalmente el que se había puesto al teléfono tras una deliberación en la que quedó claro que con Eric existía una alta probabilidad de que Raven se mostrara reacia a colaborar y con Hank de que el mutante no fuera capaz de llegar a transmitir el mensaje) tardó un momento en elegir las palabras más apropiadas para explicarle a la joven azul la situación. Sin embargo, ésta pareció entenderla mucho mejor de lo que habían previsto y, tras comprender cuál sería su papel, aceptó.
 Eso sí, con una única salvedad, que no dejaran ningún objeto metálico que pudiera servir remotamente de arma a menos de mínimo medio kilómetro de Eric.

Bestia miró en rededor, nervioso, faltaba menos de una hora para llevar a cabo de su plan y cada vez estaba más inseguro.
¿Y si, después de todo, había sido una idea patética y sólo servía para que El Profesor y Magneto volvieran a montar una de esas escenas en las que parecían ser un viejo matrimonio en uno de sus peores días? ¿Y si no funcionaban las piernas? ¿Y si…?
-Deja de comerte la cabeza, Hank.-Mística se encontraba a su lado, con su habitual carencia de vestimenta. Agradeció volver a tener su aspecto peludo y azulado al notar sus mejillas enrojecer bajo el frondoso pelaje.
Una foto en la mano de su interlocutora llamó poderosamente su atención. En ella, un niño pequeño sonreía con picardía en medio de lo que parecía ser una actuación circense, sin ser consciente de que estaba siendo fotografiado.
-¿Quién es?-Preguntó, curioso.
-Kurt.-Replicó ella, bajando la cabeza casi al mismo tiempo que cambiaba de tema.-Entonces... ¿entro mientras duerme, a la vez que Eric con su aspecto, para desconcertarle en caso de que despierte, fingiendo ponerle también las prótesis mientras Magneto lo hace, cierto?
-Eso es.-Soltó un leve suspiro.
-Ojalá salga bien, estaría bien pasar un rato riendo, para variar.-Él sonrió.
-Cierto, estaría bien.

Por suerte, el encuentro entre el Profesor X y Magneto no acabó con una de sus habituales disputas de proporciones bíblicas aunque, por supuesto, no pudieron evitar chillarse mutuamente en más de una ocasión.
Curiosamente, Charles no se despertó nada más ponerle las prótesis, sino que permaneció en los brazos de Morfeo hasta encontrarse ya en fuera de la Mansión, en el patio principal. En aquel momento, el pánico le sobrevino al hallarse, literalmente, flotando en horizontal a varios metros del suelo.
-Hola Charles.-Como de costumbre, la voz con un ligero deje alemán de Eric consiguió embotarle durante un instante los sentidos, tras el cual giró su rostro hacia la dirección del sonido con mirada acusadora.
-Eric, ¿qué…?
-No se enfade Profesor, la idea ha sido mía.
-Ejem, gracias por acordarte de mí, Hank, yo también te quiero.
-Bueno, ha sido idea mía y de Alex…
-Así mejor, Bestia.
-Pensamos que quizás poder caminar un rato le ayudaría…a animarse un poco.-La sonrisa de Hank le iluminó el peludo rostro, concediéndole durante un instante el aspecto de algún tipo de peluche extremadamente grande y brutal.-Y Eric se ha ofrecido a colaborar, sin intentar nada.
-¡¿Y os habéis fiado de él?!
-No llevo el casco Charles, compruébalo tú mismo.-El mutante le lanzó una mirada desafiante, como retándole a creerle. 
Nadie supo si llegó a verificar las intenciones de su antiguo mejor amigo y ocasional archienemigo, tan solo vieron cómo, después de mostrarse extremadamente serio durante un par de minutos, el telépata suspiro y, con un ademán de cabeza, aceptó probar la idea.
-Está bien, pero haced el favor de ponerme recto, maldita sea.

Las siguientes horas transcurrieron como si hubieran vuelto atrás en el tiempo. Charles y Eric se alejaron del grueso del grupo y comenzaron a conversar mientras el mayor de ambos manipulaba las prótesis para permitirle al otro caminar.
Se respiraba una tranquilidad abrumadora hasta que llegó Pietro, con su habitual hiperactividad.
-¿Qué hace X caminando? ¿Me he perdido a un nuevo mutante que puede curar la parálisis?-Raven, que miraba a la pareja ahora inseparable que hasta hacía un rato parecían ser incapaces de estar a menos de cien kilómetros de distancia sin intentar matarse, suspiró.
-No, solo a dos hombres comportándose como el matrimonio más ñoño de la historia…-El chico de pelo plateado sonrió de medio lado.
-Eso se puede arreglar…dígale a su novio, el Doctor Bestia, que traiga el tocadiscos.
-Está bien, pero no es mi novio.-Se encogió de hombros.
-Bueno, pues o es el suyo o es el de Caos, o igual de ambos, nunca he estado seguro de sus preferencias.

 -¿Eso de ahí son entradas?
-Eric juro solemnemente que como vuelvas a insinuar lo que creo que estás insinuando no va a haber casco tras el que te puedas prote…-No llegó a acabar la frase, pues una música rápida interrumpió el hilo de sus pensamientos.
-¡¿Qué…?!-El hombre de más edad se giró para ver a Pietro y Hank apoyados en el viejo tocadiscos de la mansión, sonrientes.
-¡Oh, venga ya, no nos miréis así! ¡Estabais empezando a darme ganas de echarme a dormir! He pensado que sería gracioso ver al Profesor…ya sabes, bailar un poco.-La sonrisa del joven de velocidad inhumana se ensanchó aún más.
-No hay forma de que consigáis que ceda a hacer eso…
-¿De veras?-Antes de que cualquiera pudiera pestañear, Mercurio le había puesto su casco a Magneto con una mueca pícara en el rostro.
-Querido Charles, ¿me concedes un baile?
-Eric no, ERIC…-Sin embargo, sus palabras cayeron en saco roto y el telépata se encontró bailando como una marioneta. En un principio no le hizo demasiada gracia, sin embargo, diez minutos después se encontró disfrutándolo él mismo.
Puede que al día siguiente Eric y él volvieran a querer matarse, pero en aquel momento, podía volver a disfrutar de su mejor amigo.
Podría aceptar que el precio fuera hacer el ridículo durante un rato si esa era la recompensa.
 

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Y aquí está este fic que escribí antes de Navidad y que no he podido publicar hasta ahora por culpa de *música tétrica* BACHILLER
Para mi gusto, me ha quedado demasiado alegre...pero meh, eso es culpa mía y mi tendencia a escribir cosas si no deprimentes al menos no del todo felices o con tono pesimista...una alegría de persona soy, vamos. De todas formas, os dejo a vosotros juzgar cómo os parece que me ha quedado.

Para terminar, decir que todo lo reconocible pertenece a Marvel (Chuck bless Stan Lee) y a la 20th Century Fox, así como la foto a DeviantArt y el resto...bueno, idea original sin ánimo de lucro inspirada por mi amigo Víctor.

Deseando que os guste,
Marla
P.D: También en AO3: http://archiveofourown.org/works/4233615